El nacimiento de Roma

 

Soñaba con contarles todo sobre mi parto en casa, llena dexitocina, sanando con la medicina de mi propia placenta… y hubiese sido el final perfecto para esta historia de Roma que ya les conté en otro post.

Sin embargo… como todo parto PLANIFICADO en domicilio, tenía un PLAN B, que es el traslado a una institución en caso de ser necesario. Yo, debido a mis antecedentes clínicos, además de tener un equipo de parteras tenía, tengo, un obstetra para asistirme. Los antecedentes eran 3 raspados (en mis tres abortos espontáneos no tuve información para poder proceder de otra manera), un conoleep por HPV (ídem) y una cesárea, que pudo haberse evitado, o no. Con este panorama, del cual no quise hablar mucho porque no quería atraerlo sino alejarlo, era probable -o no- que el cuello de mi útero tuviera cicatrices que no fueran favorables al momento de dilatar, pero eso no lo sabríamos hasta el momento del parto. Y yo decidí apostar, soñar, intentar…

Llegó el día, el 13 de febrero empezó un hermoso río suave de contracciones muy espaciadas, las cuales recibí con emoción y en cuatro patas en la cama moviéndome como me enseñaron algunas mujeres. Esa noche pude dormir y a la mañana siguiente el líquido amniótico empezó a chorrear por mis piernas y el tapón mucoso, a salir. Nico y yo estábamos emocionados. Luca me acompañaba haciendo el silencio que necesitaba en cada contracción, durante gran parte del día, en toda la casa. Pero la siguiente noche ya no pude dormir casi nada, porque las contracciones ya eran de un mar bastante bravo que me paralizaban y al principio no sabía qué hacer, cómo atravesarlas. El miedo comenzó a llegar, a invadirme, lo confieso, pero también era válido. Siempre estábamos comunicados con nuestro equipo, que venía a vernos para evaluarnos pero dándonos nuestro espacio en familia.
La mañana del 15 las necesitaba presentes y Nico las llamó a Myri y Mariana, yo ya no podía hablar. Los masajes de Marian fueron un bálsamo; ellas y Nico me sirvieron el desayuno, me dieron aliento. Nos informaron que como la bolsa estaba rota hacer tacto para ver si había o no dilatación tenía cierto riesgo, y que el médico iba a venir para evaluar la situación… Al mediodía llegó Carlos, junto a Ale, la tercera de mis parteras. Con mucho amor, me explicó cómo era el panorama: con mis antecedentes, sumados a una bolsa rota que iba a cumplir 24 hs y Estreptococo positivo, si no había dilatación (como todos sospechaban, por la simple razón de que mis contracciones eran solo cada 10 minutos), deberíamos irnos a sacar a Roma a la clínica. Con mucha precaución y medidas de seguridad, me hizo el tacto, que me dolió bastante pero fue aliviado por la contención de Ale, como en cada control. Y ahí terminó la posibilidad del “sueño”, ya que mi cuello estaba totalmente cerrado, e incluso hacia atrás. Con el mismo amor, nos lo informó, y viendo mis lágrimas nos dijo que nos tomemos el tiempo para procesarlo, que no había apuro, pero que nos íbamos a ir a la clínica, todos juntos. Inducir el parto no podían, por la cesárea anterior.
Luca quería venir con nosotros, y así fue. Yo seguía con esas contracciones que me partían bastante al medio, y empecé a odiarlas cuando confirmé que no estaban sirviendo de nada. Creo que desde ese momento perdí la conexión con mi cuerpo, y con mi mente. Nico hizo lo que pudo, la madrina de Roma estaba en la puerta de la clínica cuando llegamos, y se hizo cargo de Luca, quien estuvo presente en todo momento, con mucha emoción, información y felicidad. Creo que él fue quien más disfrutó, y ese objetivo que tenía de que él fuera también protagonista sí que se cumplió, incluso las parteras y hasta el mismo médico fueron como tíos en esos días, jugaban con él, le daban atención. Sorprendentemente, hasta durmió la segunda noche en la clínica con nosotros… (creo que no se dieron cuenta… pero no teníamos con quién dejarlo y él quiso quedarse).
Entré caminando al quirófano, con contracciones, chorreando todavía líquido amniótico… otra vez un mix entre trabajo de “parto” (porque en realidad era un preparto) y una cirugía… Allí estaban Marian de mi mano, y Ale ayudándome a pasar las contracciones acostada. Todos preparando la llegada de Roma, con emoción, con respeto. Ya eran más de las 17 hs. Entró Nico, y comenzaron a abrir la cesárea anterior para sacar a Roma, quien ya sabía que estaba por salir, por todo el trabajo que habíamos hecho juntas.
Ahí comenzaron los problemas. El primero, del que me enteraría en la habitación ya con Roma en la teta, fue que la cesárea anterior estaba tan baja y hecha de tal manera que se pegó a la vejiga, por lo cual fue imposible sacar a Roma sin provocar una fisura en mi vejiga… lo que provocó que yo estuviera 10 días con una sonda en mi uretra hacia una bolsita donde se depositaba mi orina, lo cual fue muy incómodo para cuidar a una beba y sobre todo luego de una cesárea… pero eso fue poco. Como dicen, las intervenciones provocan más intervenciones, y este fue un ejemplo.
No fue lo que soñé, pero la sacaron y ella estaba perfecta, lloraba fuerte, lo que por un lado no me gustó y por otro me dio tranquilidad, todos la recibimos con mucho amor y la pusieron en mi pecho, la acaricié, la besé… y se hizo realidad mi verdadero sueño, que era TENERLA CONMIGO. SANA (recordarán algunas que ambas tenemos una anomalía genética pero está todo perfecto).
Sin embargo… no pudimos tener control sobre las intervenciones innecesarias que le querían hacer a Roma, ya que el personal de Neonatología era de la clínica, su “humanidad” dependía de la guardia que nos tocara, y no formaba ni tenía relación alguna con mi equipo, que estaban actuando de manera particular allí, como personal externo digamos. Roma lloraba sin parar, durante un tiempo que me pareció excesivo, yo la escuchaba mientras me cosían y mis parteras me contenían. Empecé a llorar de oír tanto llanto, y enseguida escuché a mi marido que casi gritaba “te dije que no queremos que le hagas nada”… y voces que no llegué a entender. Evidentemente había algo que no estaban haciendo bien…
Pasaron unos minutos más y me llevaron a la habitación, donde me esperaba Luca y la madrina de Roma, y al minuto llegaron Roma con Nico, quienes por suerte no se habían separado ni un minuto. Enseguida se prendió a la teta y el sueño de ser cuatro se hizo realidad. Luca tenía los ojos llenos de lágrimas de la emoción, su mirada fue increíble.
Y en algún momento Nico me lo contó. Apenas nacida, le metieron una cánula por la garganta, otra por la cola, la bañaron, la ¡¡peinaron!!, la pesaron y, como pesaba 2.500 kg querían sacarle sangre, y ahí fue cuando Nico les explicó que en la familia de él casi todos habían tenido ese peso, o menos, y gritó al no ser escuchado; y obviamente querían vacunarla, ponerle la vitamina K y las gotas benditas en los ojos, a lo cual también Nico se negó, para recibir la primera amenaza: “Vamos a notificarlo a la fiscalía”, o algo parecido. Sufrí mucho cuando me dijo todo esto, porque justamente quería parir en casa para que seamos respetadas, sobre todo ella, y lo que pasó para mí fue terrible. En su hora sagrada, tanta agresión, porque no tiene otra descripción.
¿Fue mi-nuestra culpa no haber prevenido esto con un plan de parto en caso del plan B? ¿Lo hubieran respetado? No lo sé, pero hoy por hoy estoy muy orgullosa de lo que pudo hacer Nico. Aunque la cosa no terminó ahí.
Al rato, yo estaba sola en la habitación, seguramente porque Nico fue a buscar agua o algo así, dándole teta a Roma con dolores de entuerto, el efecto de la anestesia pasando y dolida por como se había dado todo… y entró el coordinador de Neo para decirme “vengo a notificarte que VAMOS A PONER A TU HIJA EN CUSTODIA DE UN JUEZ, YA QUE SE NIEGAN A SACARLE SANGRE Y VACUNARLA”. Sí, no es un chiste ni una exageración. Supe que no era el momento para discutir ni la persona… le pedí que fuera luego cuando estuviera Nico, y que si era cierto que por ley tenía que vacunarla ese día y demás, que lo hiciera conmigo dándole teta. A lo cual me dijo “Sí, igual no te preocupes que siempre les damos AZÚCAR….” ¿Qué iba a discutir con un supuesto profesional que le daba azúcar a un recién nacido?
Terminamos sometiéndonos, poniéndole la vacuna, la vitamina K, pinchándola para corroborar que efectivamente la glucosa, a pesar del “bajo peso”, estaba ok. Y también las gotitas, que como era un gel y se la pusieron con los ojos cerrados, rápidamente se la pude sacar, porque sé que gonorrea yo no tengo… Por lo menos no fue apenas nacida, y en mi teta… si es que me sirve de consuelo…

Estuve más triste que feliz varios días, llorando yo lo que sentía que podría llorar ella, con el apoyo de mis compañeras doulas, mis amigas más cercanas y, por supuesto, de mis parteras (nuestrasparteras). Los dolores en mi cuerpo acrecentaban esta tristeza, sumado a las molestias que seguían provocando gran parte del personal de la institución que nos ofrecían mamadera cada dos por tres y se horrorizaban al vernos piel con piel, o sea en tetas yo y Roma solo con pañal.

Pero como todo, fue pasando. Y como lo que hay que sanar, fuimos sanando, juntas. Y en uno de los tantos mensajes que me mandaron llenos de amor leí esto: “Estás roto, Muy roto, Y lo lamento. Pero no se trata de ello. Sino de lo que haces con eso. Porque he visto quiénes lo han vuelto música, poesía, literatura. Y dejame decirte, que las mejores cosas se hacen con el alma hecha trocitos. Así que ¡vamos! No te despidas de la vida; Toma tu dolor y conviertelo en Arte”.
Y ese día decidí que iba a convertir esta experiencia en algo bueno: el Proyecto Roma, por UNA BIENVENIDA RESPETUOSA A LES BEBÉS EN TODAS LAS INSTITUCIONES DE ARGENTINA. Lo detallaré más en otro post, pero en principio se trata de redactar un escrito que les explique a los profesionales por qué es tan importante la hora sagrada y por qué no es necesario, salvo excepciones obviamente, hacerles todo lo que suelen hacerles a les bebés, y juntar firmas de apoyo para que llegue donde tiene que llegar, difundirlo a la prensa, etc. Si quieren, ya pueden dejar vuestros (sus) mails en comentarios y les contaré en cuanto pueda los detalles.
Llena de la ola de oxitocina que me está dando la “lactancia romana”, del cuidado amoroso de Nico, la paciencia de Luca, esperando la medicina que pronto harán con mi placenta (por suerte pude conservarla), les agradezco a ustedes todo el apoyo que me dieron al planificar este parto, el respeto, la colaboración de los sponsors y participantes de la rifa (cuando el plan B es necesario, hay que cubrir también los honorarios del equipo dentro de la clínica, así que me sirvió muchísimo la rifa) y el aliento que me dieron cuando conté que no pudo ser en casa.
Ahora sí puedo decir que estoy feliz, porque finalmente llegó Roma luego de una lucha conmigo misma de 10 años, y porque es mujer, ya que siento que tendremos un vínculo especial que espero dure toda la vida. Ella me enseñará tanto y yo, por mi parte, le daré muchaaaa teta, con su padre la acercaremos a la mejor alimentación posible, le contaré de pequeña que tiene un útero, que se alegra cuando ella se alegra, que la menstruación y nuestros poderes son sagrados, que no debemos someternos a nada, que debemos cuidar nuestro cuerpo, optando siempre por lo natural. Y, por supuesto, que puede parir. Tal vez ella cumpla mi sueño de parir, porque gran parte de mí estará en ella, siempre.
GRACIAS, HIJA. GRACIAS, MUJERES. GRACIAS, NICO, LUCA.

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