Montessori en niños de 0-3 años

Lo logré

casi un mes después, terminé el primer post de contenido.

Te cuento lo que sé sobre el método Montessori para la edad de 0 a 3 años. Es un poco largo, pero podés leerlo en tandas con café, té o mate por medio. ¡A no desalentarse! Todas son conclusiones a las que arribó María Montessori luego de su viaje a la India gracias a su estudios científicos basados en la observación de niños y niñas.

Si algún término te resulta desconocido, prometo que si no fue explicado acá será explicado en las siguientes entradas. Incluso haré un diccionario con los términos "Montessori", ¡en cuanto pueda!

Segundo período embrionario

El periodo de 0 a 3 años en la vida de un niño es determinante para el desarrollo su futuro como ser humano, deja muchísimas huellas, que son inconscientes pero que están por siempre. Montessori se refirió al niño en este período como el “embrión espiritual”; un segundo período embrionario que se produce después del nacimiento, cuando se forma la inteligencia del niño, cuando el niño adquiere el lenguaje y la cultura en la cual nació inmerso. En este momento comienza a desarrollar su capacidad cognitiva y su personalidad.

“Ellos son nuevos en el mundo y el mundo es nuevo para ellos”

Me quedé con las ganas de saber si María Montessori habló de lo que nos pasa, a madre, gestante e hijo, durante el embarazo (lo investigaré), pero durante las 2-3 semanas las madres necesitamos un asistente para acomodarnos en la lactancia, fundamental para nuestros hijos (yo agrego, todas podemos amamantar, salvo que estemos medicadas o tengamos problemas psicológicos, es un mito eso de “no tengo leche”, solo necesitamos ayuda y tiempo).

La información es poder. Y saber, por ejemplo, que un recién nacido necesita tocarse, palpar su carita, para tener un punto de referencia en el mundo que ahora es totalmente desconocido para él, evitará que, por caso, le pongamos guantes como hacen en algunos países y, así, que llore desesperadamente por no poder tocarse debido al impedimento. Saber que estarán haciendo una transición paulatina desde su primer hábitat, el útero, donde estaban totalmente satisfechos sin esfuerzos, contenidos, calentitos, hacia el mundo exterior en fundamental. Y yo creo que depende de nosotros cuánto duro será para ellos, por eso es importante estar preparados, saber el lado B del postparto y la crianza (para eso les recomiendo leer los libros de Cien Lunas, mi editorial).

En cuanto al colecho, Montessori lo promueve mientras sea un colecho “seguro”.

“Ayúdame a hacerlo por mí mismo”

Es bueno observar a nuestro hijo, ver qué intereses tiene para darle el estímulo justo que necesita, tomar esos intereses, sin obstáculos de nuestra parte: esto es muy importante, sin intervenir si no es necesario, si no somos llamados. ¿Por qué? Porque él necesita -y esto le dará satisfacción- sentir que puede, que es capaz, esto le da confianza, seguridad en sí mismo, autoestima. Y sabemos lo valioso que es esto para ellos. Obviamente hay que entender esto (ni hablar los abuelos), tener control para no intervenir, que a veces es más difícil que intervenir, darnos el tiempo.

Un ejemplo claro (hay muchos videos sobre esto) es la vestimenta: sería ideal mostrarle ya antes del año cómo nos vestimos, un poco exagerando nuestros movimientos, no hace falta hablar al hacerlo, y darle a elegir entre dos o tres opciones, darle calzado que de poco se puede poner solo (con abrojos, por ejemplo) y pantalones que sean cómodos para poner solos (los “chupines” serán complicados…), ayudarlo a vestirse pero dejarlo que, si tiene interés (seguro lo tendrá, aunque sea por complacernos) haga algunas acciones por sí mismo. Con el tiempo, luego de observarnos e ir probando, aprenderá a hacerlo por sí mismo, y ni hablar si asiste a un jardín Montessori donde sus compañeros más grandes serán su modelo a seguir y esto será una de las actividades que aprendan juntos (recordemos que están con niños dos-tres años más grandes que ellos, salvo en Nido). Pero tomarse el tiempo para esto es muy difícil para una madre de hoy, y ser muyyy paciente. No al tiempo nuestro sino al de ellos. Sin embargo, el resultado final nos dará mucha satisfacción a ambos (se los aseguro).

Esto es parte de lo que los padres tenemos que hacer si queremos educar con Montessori: reeducarnos, desaprender, saber que los adultos no enseñamos nada, sino que mostramos para que aprendan solos.

Nuestra voz es un elemento (y alimento) fundamental para ellos, ya que los educa, los tranquiliza. Debemos hablarles siempre, pero bien (de manera clara, correcta) la mayoría de las veces, sus estructuras son potentes y todo lo aprenderán de su entorno más cercano: nosotros.

Ambiente preparado

El ambiente preparado en Montessori se refiere al espacio donde estará nuestro hijo, ya sea en casa o en la guardería, maternal o jardín (llamado así en nuestro país). Debemos preparar el ambiente con cuidado y belleza para conectar el niño con el mundo.

En el período de 0-3 años, debemos tener un especial cuidado por el ambiente, este debe ser rico porque, en gran parte, de este depende su espacio futuro para planificar, ejecutar, resolver, decidir. Y ni hablar de que el cuidado por la higiene es fundamental.

Se prepara para que no haya un exceso de estímulos. Es que cuando somos madres no nos damos cuenta, pero llenamos de colores las paredes, compramos acolchados con ositos, caballitos y todos los “itos”. Pero si sabemos qué siente, qué ve nuestro hijo, las millones de conexiones neuronales que hace su cerebro podremos entender qué necesita y qué no necesita, incluso lo que entorpece su desarrollo y puedo llegar a perjudicarlo (siempre, sin ser conscientes de ello, ni nosotros ni ellos). Por eso hay que dosificar el estímulo. Cada cosa que le mostremos, que le demos, será un estímulo, un pedazo de mundo.

Nuestro hijo irá refinando sus sentidos, aprenderá tocando, por eso el ambiente es fundamental.

¿Qué tiene que tener “el ambiente” Montessori?

Un espacio para el descanso

Y solo para ese fin (y el sueño, claro, si se logra allí), con luz adecuada, idealmente natural, con control del estímulo auditivo (poco ruido, una temperatura adecuada (2 grados más que nosotros), sin móviles “¿Qué?”. Sí, sin móviles, porque son estímulos que no ayudan al descanso, sino al contrario. La Guía Montessori que me dio el seminario habló de este espacio: desmitificó el famoso “no pasa nada, hablá fuerte así se acostumbra a dormir con ruidos”, y nos hizo esta pregunta: “¿A ustedes les gusta dormir con ruido”? (y me hizo acordar al pediatra Carlos González cuando vino a Buenos Aires y nos preguntó, hablando sobre la comida y el “no me guta”: “¿Acaso ustedes ven el menú del restaurante y piden lo que no les gusta?”). Es simple, ¿por qué hacerlos dormir en un ambiente en el que a nosotros no nos gustaría dormir, en el que no descansaríamos realmente?

Estos bebés están en el período sensible del sueño (o sea que están predispuestos naturalmente para aprender eso), están tratando de lograr un ciclo natural de sueño, entonces nuestra ayuda será fundamental. El espacio de descanso no debe, idealmente, estar en la entrada de la habitación.

Un espacio para el juego/actividad

En el piso, conectado con la tierra, sin huevitos ni sillitas de ningún tipo (“artículos de reemplazo materno”, cito a la doula Melina Bronfman, que obviamente son buenos usar un rato para poder ir al baño con seguridad, pero perjudiciales en exceso (¿Que necesitan estar apretaditos, sí, claro, en los brazos de mamá, papá, abuelos, tíos de cualquier tipo), sobre una colchoneta y cubrecolchoneta lisa. Todo tiene un porqué: nuestro hijo conocerá el mundo con los objetos que le vayamos mostrando (“presentando” en jerga montessoriana) y toda su atención será puesta en ellos. Si le mostramos un objeto con un fondo con mil objetos más (los “itos” de antes) lo estaremos distrayendo, sobrestimulando (sí, a guardar todo lo que compramos, jaja, luego seguirán los vasitos de plástico con pajita, etc.).

Y es muy bueno tener lo que todos los “bebés Montessori” tienen: un espejo con marco (o sin) de madera natural a su altura y una barra de madera (el must de Montessori, si le ponemos gracia y glamour). Con el espejo podrán ver su propia imagen, la nuestra y la de los objetos. Se “sentirán” así acompañados siempre (a los bebés les gusta sentirse, necesitan sentirse, acompañados). Y yo agrego más info: con el tiempo, sentirán ganas de explorar con su propia imagen, levantar la cabeza al ver qué pasa el “otro lado”; llegado el momento, a su tiempo, amarán la barra que los ayudará a lograr sus primeros pasos, con seguridad.

Ahora y acá sí, los móviles. Los bebés, apenas nacidos, no verán nítidamente, y su visión se limitará a 30 centímetros. En Montessori hay diferentes tipos de móviles.

Cada tipo de móvil fue diseñado para ofrecer en cada etapa diferente del desarrollo del bebé: la vista, la concentración y más adelante la coordinación ojo-mano.

1- Visuales: Fuera del alcance, solo son para ver, no para tocar, porque todavía no están preparados.

Entre las 2-4 semanas serán atraídos por nuestros rostros, las caras sonrientes que provocarán sus conexiones neuronales. Solo ven en blanco y negro, por lo cual mostrarles cosas en color no tiene sentido todavía. Ni hablar de que todavía no podemos ofrecerles tocar los móviles, mirarlos ya será toda una aventura para ellos.

Entre las 6 semanas y 3 meses, podremos ofrecerles que miren los móviles de colores graduales primarios, siempre a 30 centímetros (más no ven, no pueden fijar la mirada ni ver con nitidez). Podemos intercalar entre los móviles adecuados:


– Contrastes en blanco y negro (o a 4 semanas)
– Munari (o a 6 semanas), blanco y negro
– Octaedro (5 a 8 semanas), con colores y volúmenes
– Gobi (2 a 4 meses) permite apreciar la profundidad con diferentes tonalidades de colores.
– Bailarines (3 a 4 meses)


Entre los 3-4 meses, en general, es tiempo de querer tocar, por eso una argolla de madera lijada sin pintar será un gran objeto para ellos y para su boca, donde tienen más conexiones nerviosas que en las manos (todo el mundo lo conocen por la boca, por eso no tenemos que negarles meterse cosas a la boca, sino cuidar su ambiente para que todo pueda conocerlo con la boca; como dicen las Guías Montessori “ultracuidado del material”, también por las bacterias). ¡La clave de Montessori es dejar a los niños conocer a través de los sentidos! ¿Por qué? Porque María Montessori lo estudió científicamente hace más de un siglo, cuando seguro muchos decían que estaba loca, y hace algunos años los especialistas están llegando a las mismas conclusiones.

Entonces estamos aquí frente a los móviles visuales y táctiles:
– Colores primarios (desde los 3 meses)
– Objetos para agarrar (desde los 4 meses): Aro, cascabel y pelota

(en cuanto pueda les subo fotos para que los vean, haré una producción en una institución Montessori, la verdad es que no conozco a nadie que los tenga en su casa por ahora y Luca no llegó a usarlos).

Lo importante: cada uno a su tiempo.

Los corralitos son recomendables solo si tengo que dejarlo unos minutos y quiero que esté seguro, pero si permanece mucho tiempo allí lo único que logro es que tenga una mala noción del espacio, lo que puede llevar a accidentes luego, y le coarto la libertad de movimiento, de exploración.

La filosofía Montessori deja y fomenta que los niños exploren elementos reales porque se aboca a la vida práctica, su mundo, para que aprenda, con el tiempo, a controlar su cuerpo en el entorno y las actividades de todos los días, aquí y ahora. Esto le dará autoestima y confianza. Por eso propone que, en una canasta de mimbre, le pongamos unos pocos elementos, como un peine de madera, de nuestra vida real para que pueda conocer bajo nuestra supervisión.

Desde los 5 meses aproximadamente, siempre depende del niño, pueden llegar a girar y sentarse solos, si es que les dimos el ambiente preparado para ello. Desde los 6 meses, el mejor regalo que le podemos hacer a un niño es un juego de mesa y sillas, con apoyabrazos por el equilibrio para los más pequeños, ya que comenzará a trabajar su autonomía. A los 12 meses, aproximadamente, ya caminará y podrá manejar su motricidad fina.

Es importante saber que siempre estamos a tiempo se compensar ciertas etapas del desarrollo si adecuamos el ambiente.

Es recomendable que el ambiente tenga un espacio para el aseo y otro para la lactancia.

¿Queremos que sean ordenados? María Montessori concluyó que el período sensible del orden es de 1 a 3 años… luego es más complicado, pero NO IMPOSIBLE. Y obviamente los contenedores (“jugueteros”, “canastos grandes”, etc.) no son nuestros “amigos”, porque no propician al orden, que es una necesidad que tienen nuestro hijos, tanto en el conjunto de objetos que usan como en el objeto en sí mismo: que tenga todas las piezas. El código de colores del ambiente y las canastas (llamadas también “cestas del tesoro”) también ayudan en este propósito.

Los materiales Montessori, en su mayoría, no son para usar en casa porque tienen sentido para trabajar en conjunto.

En el ambiente, también, es recomendable poner imágenes (cuadros) a su altura y de cosas reales, que los niños puedan reconocer dentro de su entorno cercano, con fondo blanco. Nada abstracto porque no podrían entenderlo.

Con un ropero dispuesto a su medida y la opción a elegir entre 2 o 3 cosas estamos brindando disposición a que se vistan solos en un futuro cercano.

Es bueno que en su propio ambiente los niños tengan conexión con animales, así como tener una tarea relacionados con ellos que les dé idea de responsabilidad, como darles de comer. Se sienten muy bien llevando a cabo esta tarea. Sienten que son importantes, las mascotas están ahí esperando por ellos. También pueden tener una planta natural, grande, para disfrutar de su belleza y cuidarla regándola con agua, picando su tierra, ser responsable de su cuidado, darle calidez y vida.

Por último, sobre ambiente preparado, vimos que funciona muy bien tener rincones adaptados ellos en nuestros espacios comunes. Por ejemplo en el living, donde pongamos sus elementos para que tenga su espacio propio pero observando todo lo que pasa en nuestra casa, como a ellos les gusta, observar y sentirse acompañados, armando así un encuentro familiar para que se sienta parte, y de esta manera esté satisfecho, contento. Para los más pequeños puede ser simplemente una colcha con sus objetos preferidos.

Es bueno que en su propio ambiente los niños tengan conexión con animales, así como tener una tarea relacionados con ellos que les dé idea de responsabilidad, como darles de comer. Se sienten muy bien llevando a cabo esta tarea. Sienten que son importantes, las mascotas están ahí esperando por ellos. También pueden tener una planta natural, grande, para disfrutar de su belleza y cuidarla regándola con agua, picando su tierra, ser responsable de su cuidado, darle calidez y vida. Sin embargo, un espacio exterior dará mucha riqueza al desarrollo del niño: una mesa, sillas, una huerta…  Tanto como sea posible, haciendo una actividad inteligente, propuesta inteligente: reciclar, escalar. Comer afuera, abrigados si hace un poco de frío, para estar en la naturaleza.

Alimentación complementaria

Montessori fomenta la alimentación libre de papillas, por eso sostiene que no debemos darle todo en cuchara, sino dejar que explore, toque, sienta. Y sugiere darle directamente en un vaso de vidrio resistente pequeño, con poco agua, nosotros al principio, para que vea lo que toma y sienta su temperatura, y para que aprenda a tratarlo con cuidado (si usa plástico se le puede caer mil veces que no se romperá, en cambio sí el vidrio, y siempre un adulto lo ayudará sin lastimarse).

“Hazlo con el niño”

Asimismo, es bueno servir porciones chicas para que no sientan que tienen que comer algo que pueden ver como imposible, y dejar una fuente para servirles más o que lo hagan solos si ya pueden, de manera de darle control y elección. Y claro que, como está probado, los alimentos hay que probarlos de a poco, varias veces hasta que les lleguen a gustar. Están experimentando (bambalinas: a mí me pasa eso con los tipos de cerveza, antes no podía con la IPA, ahora me encanta).

No hubo más tiempo ni estaba en el programa, pero sobre el control de esfínteres (tema “pañales“), pero afirmó que es una maduración neurológica, que los padres debemos tener atención a las señales, acompañarlos con esa sensación sensorial.


En un gráfico hecho por María Montessori, podemos ver que de 0-6 años y 12-18 son etapas críticas del desarrollo. De 6-12 y 18-24 se da una etapa de consolidación. Por esto entre los 12 y los 18 nuestros hijos necesitan tanto cuidado como un bebé, es un “recién nacido social”, dijo sabiamente la directora.

Fue insistente: primero hay que observar, identificar qué necesita nuestro hijo.

Límites

Montessori marca límites cuando puede haber daño latente en el niño mismo, en el otro y en el ambiente. Lo que hace el adulto es intervenir pero positiva, constructiva y respetuosamente. No usa el “no”, sino que le muestra lo que se espera de él, sin mucho discurso. Por ejemplo, la Guía Montessori contó que una vez, para marcar el límite en un ambiente donde había materiales en el piso y unos niños estaban corriendo, para evitar daño en todos, ella empezó a caminar despacio pero subiendo y bajando mucho las piernas de manera que llamó la atención de un niño que le preguntó por qué caminaba así y entonces ella le explicó que era para cuidar a los demás niños y a los materiales, etc.

Hay que brindarles la ayuda precisa. Y recordar que el tiempo es de ellos, no nuestro.

¿Cómo son los ambientes de una institución Montessori de 0 a 3 años?

Están en Nido desde los 2-3 meses (depende mucho de cada país, cuándo terminan las licencias por maternidad) hasta que camina bien, que es cuando está listo para la exploración de otro ambiente, con otros materiales.

Luego pasa a Comunidad Infantil, que se llama así porque ya los niños que caminan quieren ser parte del mundo. Están allí hasta aproximadamente los 3 años de edad, siempre depende de cuándo el niño esté preparado para el ambiente que sigue.

En este ambiente comenzarán con las actividades de vida práctica, que son cosas simples para los adultos pero muy complejas para ellos al inicio, son todo un desafío, y quieren hacerlo solos, por sí mismos, para formar parte, y a medida que van logrando el desarrollo se sienten felices realmente. Pero el accionar del Guía es fundamental: le muestra cómo se hace sin hablar casi, enfatizando sus movimientos. Luego, cuando un niño intenta hacer algo como limpiar una mesa, secar, y no cometió un “error” el Guía no le muestra el error, no lo descalifica, sino que disimuladamente lo arregla.

Un espacio Montessori es plurisensorial, está científicamente preparado, presenta un rico repertorio psicológica, matriz, intelectual y espiritualmente.

Para brindar una rica experiencia sensorial es que optamos por materiales de vidrio, de metal, de mimbre, de diferentes maderas pero nobles (no el pino), que son elementos nobles y están a escala dentro del ambiente para niños. Así perciben naturalmente los diferentes colores, texturas, temperaturas.

Montessori es holístico, esto quiere decir que atiende al plano espiritual, emocional, motriz, cognitivo.

“Montessori es elitista”

Cuando varias asistentes expresaron lo costoso y difícil que era acceder a la educación Montessori en escuelas, Fabiola Manquez Gónzalez, directora de la Academia Montessori Chilena, contó cómo ellos lograron todo lo que lograron en Chile (lo contará en una entrevista en otro post), y nos recomendó que seamos agentes de cambio activo, con vocación y pasión, de esa que llega a convencer a la gente que necesitamos para abrir nuevos proyectos, no desde la crítica ni la queja, sino desde la acción, desde el ejemplo. La nuestra debe ser una peregrinación coherente. Entonces, después de eso, ¡decidí hacer este blog!

 

 

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Fuente: Seminario en Educación Montessori en la Primera Infancia, orientado a niños y niñas de 0 a 3 años que dictó —organizado por Montessori House—, la chilena Fabiola Manquez Gónzalez, directora de la Academia Montessori Chilena.