El nacimiento de Roma

 

Soñaba con contarles todo sobre mi parto en casa, llena dexitocina, sanando con la medicina de mi propia placenta… y hubiese sido el final perfecto para esta historia de Roma que ya les conté en otro post.

Sin embargo… como todo parto PLANIFICADO en domicilio, tenía un PLAN B, que es el traslado a una institución en caso de ser necesario. Yo, debido a mis antecedentes clínicos, además de tener un equipo de parteras tenía, tengo, un obstetra para asistirme. Los antecedentes eran 3 raspados (en mis tres abortos espontáneos no tuve información para poder proceder de otra manera), un conoleep por HPV (ídem) y una cesárea, que pudo haberse evitado, o no. Con este panorama, del cual no quise hablar mucho porque no quería atraerlo sino alejarlo, era probable -o no- que el cuello de mi útero tuviera cicatrices que no fueran favorables al momento de dilatar, pero eso no lo sabríamos hasta el momento del parto. Y yo decidí apostar, soñar, intentar…

Llegó el día, el 13 de febrero empezó un hermoso río suave de contracciones muy espaciadas, las cuales recibí con emoción y en cuatro patas en la cama moviéndome como me enseñaron algunas mujeres. Esa noche pude dormir y a la mañana siguiente el líquido amniótico empezó a chorrear por mis piernas y el tapón mucoso, a salir. Nico y yo estábamos emocionados. Luca me acompañaba haciendo el silencio que necesitaba en cada contracción, durante gran parte del día, en toda la casa. Pero la siguiente noche ya no pude dormir casi nada, porque las contracciones ya eran de un mar bastante bravo que me paralizaban y al principio no sabía qué hacer, cómo atravesarlas. El miedo comenzó a llegar, a invadirme, lo confieso, pero también era válido. Siempre estábamos comunicados con nuestro equipo, que venía a vernos para evaluarnos pero dándonos nuestro espacio en familia.
La mañana del 15 las necesitaba presentes y Nico las llamó a Myri y Mariana, yo ya no podía hablar. Los masajes de Marian fueron un bálsamo; ellas y Nico me sirvieron el desayuno, me dieron aliento. Nos informaron que como la bolsa estaba rota hacer tacto para ver si había o no dilatación tenía cierto riesgo, y que el médico iba a venir para evaluar la situación… Al mediodía llegó Carlos, junto a Ale, la tercera de mis parteras. Con mucho amor, me explicó cómo era el panorama: con mis antecedentes, sumados a una bolsa rota que iba a cumplir 24 hs y Estreptococo positivo, si no había dilatación (como todos sospechaban, por la simple razón de que mis contracciones eran solo cada 10 minutos), deberíamos irnos a sacar a Roma a la clínica. Con mucha precaución y medidas de seguridad, me hizo el tacto, que me dolió bastante pero fue aliviado por la contención de Ale, como en cada control. Y ahí terminó la posibilidad del “sueño”, ya que mi cuello estaba totalmente cerrado, e incluso hacia atrás. Con el mismo amor, nos lo informó, y viendo mis lágrimas nos dijo que nos tomemos el tiempo para procesarlo, que no había apuro, pero que nos íbamos a ir a la clínica, todos juntos. Inducir el parto no podían, por la cesárea anterior.
Luca quería venir con nosotros, y así fue. Yo seguía con esas contracciones que me partían bastante al medio, y empecé a odiarlas cuando confirmé que no estaban sirviendo de nada. Creo que desde ese momento perdí la conexión con mi cuerpo, y con mi mente. Nico hizo lo que pudo, la madrina de Roma estaba en la puerta de la clínica cuando llegamos, y se hizo cargo de Luca, quien estuvo presente en todo momento, con mucha emoción, información y felicidad. Creo que él fue quien más disfrutó, y ese objetivo que tenía de que él fuera también protagonista sí que se cumplió, incluso las parteras y hasta el mismo médico fueron como tíos en esos días, jugaban con él, le daban atención. Sorprendentemente, hasta durmió la segunda noche en la clínica con nosotros… (creo que no se dieron cuenta… pero no teníamos con quién dejarlo y él quiso quedarse).
Entré caminando al quirófano, con contracciones, chorreando todavía líquido amniótico… otra vez un mix entre trabajo de “parto” (porque en realidad era un preparto) y una cirugía… Allí estaban Marian de mi mano, y Ale ayudándome a pasar las contracciones acostada. Todos preparando la llegada de Roma, con emoción, con respeto. Ya eran más de las 17 hs. Entró Nico, y comenzaron a abrir la cesárea anterior para sacar a Roma, quien ya sabía que estaba por salir, por todo el trabajo que habíamos hecho juntas.
Ahí comenzaron los problemas. El primero, del que me enteraría en la habitación ya con Roma en la teta, fue que la cesárea anterior estaba tan baja y hecha de tal manera que se pegó a la vejiga, por lo cual fue imposible sacar a Roma sin provocar una fisura en mi vejiga… lo que provocó que yo estuviera 10 días con una sonda en mi uretra hacia una bolsita donde se depositaba mi orina, lo cual fue muy incómodo para cuidar a una beba y sobre todo luego de una cesárea… pero eso fue poco. Como dicen, las intervenciones provocan más intervenciones, y este fue un ejemplo.
No fue lo que soñé, pero la sacaron y ella estaba perfecta, lloraba fuerte, lo que por un lado no me gustó y por otro me dio tranquilidad, todos la recibimos con mucho amor y la pusieron en mi pecho, la acaricié, la besé… y se hizo realidad mi verdadero sueño, que era TENERLA CONMIGO. SANA (recordarán algunas que ambas tenemos una anomalía genética pero está todo perfecto).
Sin embargo… no pudimos tener control sobre las intervenciones innecesarias que le querían hacer a Roma, ya que el personal de Neonatología era de la clínica, su “humanidad” dependía de la guardia que nos tocara, y no formaba ni tenía relación alguna con mi equipo, que estaban actuando de manera particular allí, como personal externo digamos. Roma lloraba sin parar, durante un tiempo que me pareció excesivo, yo la escuchaba mientras me cosían y mis parteras me contenían. Empecé a llorar de oír tanto llanto, y enseguida escuché a mi marido que casi gritaba “te dije que no queremos que le hagas nada”… y voces que no llegué a entender. Evidentemente había algo que no estaban haciendo bien…
Pasaron unos minutos más y me llevaron a la habitación, donde me esperaba Luca y la madrina de Roma, y al minuto llegaron Roma con Nico, quienes por suerte no se habían separado ni un minuto. Enseguida se prendió a la teta y el sueño de ser cuatro se hizo realidad. Luca tenía los ojos llenos de lágrimas de la emoción, su mirada fue increíble.
Y en algún momento Nico me lo contó. Apenas nacida, le metieron una cánula por la garganta, otra por la cola, la bañaron, la ¡¡peinaron!!, la pesaron y, como pesaba 2.500 kg querían sacarle sangre, y ahí fue cuando Nico les explicó que en la familia de él casi todos habían tenido ese peso, o menos, y gritó al no ser escuchado; y obviamente querían vacunarla, ponerle la vitamina K y las gotas benditas en los ojos, a lo cual también Nico se negó, para recibir la primera amenaza: “Vamos a notificarlo a la fiscalía”, o algo parecido. Sufrí mucho cuando me dijo todo esto, porque justamente quería parir en casa para que seamos respetadas, sobre todo ella, y lo que pasó para mí fue terrible. En su hora sagrada, tanta agresión, porque no tiene otra descripción.
¿Fue mi-nuestra culpa no haber prevenido esto con un plan de parto en caso del plan B? ¿Lo hubieran respetado? No lo sé, pero hoy por hoy estoy muy orgullosa de lo que pudo hacer Nico. Aunque la cosa no terminó ahí.
Al rato, yo estaba sola en la habitación, seguramente porque Nico fue a buscar agua o algo así, dándole teta a Roma con dolores de entuerto, el efecto de la anestesia pasando y dolida por como se había dado todo… y entró el coordinador de Neo para decirme “vengo a notificarte que VAMOS A PONER A TU HIJA EN CUSTODIA DE UN JUEZ, YA QUE SE NIEGAN A SACARLE SANGRE Y VACUNARLA”. Sí, no es un chiste ni una exageración. Supe que no era el momento para discutir ni la persona… le pedí que fuera luego cuando estuviera Nico, y que si era cierto que por ley tenía que vacunarla ese día y demás, que lo hiciera conmigo dándole teta. A lo cual me dijo “Sí, igual no te preocupes que siempre les damos AZÚCAR….” ¿Qué iba a discutir con un supuesto profesional que le daba azúcar a un recién nacido?
Terminamos sometiéndonos, poniéndole la vacuna, la vitamina K, pinchándola para corroborar que efectivamente la glucosa, a pesar del “bajo peso”, estaba ok. Y también las gotitas, que como era un gel y se la pusieron con los ojos cerrados, rápidamente se la pude sacar, porque sé que gonorrea yo no tengo… Por lo menos no fue apenas nacida, y en mi teta… si es que me sirve de consuelo…

Estuve más triste que feliz varios días, llorando yo lo que sentía que podría llorar ella, con el apoyo de mis compañeras doulas, mis amigas más cercanas y, por supuesto, de mis parteras (nuestrasparteras). Los dolores en mi cuerpo acrecentaban esta tristeza, sumado a las molestias que seguían provocando gran parte del personal de la institución que nos ofrecían mamadera cada dos por tres y se horrorizaban al vernos piel con piel, o sea en tetas yo y Roma solo con pañal.

Pero como todo, fue pasando. Y como lo que hay que sanar, fuimos sanando, juntas. Y en uno de los tantos mensajes que me mandaron llenos de amor leí esto: “Estás roto, Muy roto, Y lo lamento. Pero no se trata de ello. Sino de lo que haces con eso. Porque he visto quiénes lo han vuelto música, poesía, literatura. Y dejame decirte, que las mejores cosas se hacen con el alma hecha trocitos. Así que ¡vamos! No te despidas de la vida; Toma tu dolor y conviertelo en Arte”.
Y ese día decidí que iba a convertir esta experiencia en algo bueno: el Proyecto Roma, por UNA BIENVENIDA RESPETUOSA A LES BEBÉS EN TODAS LAS INSTITUCIONES DE ARGENTINA. Lo detallaré más en otro post, pero en principio se trata de redactar un escrito que les explique a los profesionales por qué es tan importante la hora sagrada y por qué no es necesario, salvo excepciones obviamente, hacerles todo lo que suelen hacerles a les bebés, y juntar firmas de apoyo para que llegue donde tiene que llegar, difundirlo a la prensa, etc. Si quieren, ya pueden dejar vuestros (sus) mails en comentarios y les contaré en cuanto pueda los detalles.
Llena de la ola de oxitocina que me está dando la “lactancia romana”, del cuidado amoroso de Nico, la paciencia de Luca, esperando la medicina que pronto harán con mi placenta (por suerte pude conservarla), les agradezco a ustedes todo el apoyo que me dieron al planificar este parto, el respeto, la colaboración de los sponsors y participantes de la rifa (cuando el plan B es necesario, hay que cubrir también los honorarios del equipo dentro de la clínica, así que me sirvió muchísimo la rifa) y el aliento que me dieron cuando conté que no pudo ser en casa.
Ahora sí puedo decir que estoy feliz, porque finalmente llegó Roma luego de una lucha conmigo misma de 10 años, y porque es mujer, ya que siento que tendremos un vínculo especial que espero dure toda la vida. Ella me enseñará tanto y yo, por mi parte, le daré muchaaaa teta, con su padre la acercaremos a la mejor alimentación posible, le contaré de pequeña que tiene un útero, que se alegra cuando ella se alegra, que la menstruación y nuestros poderes son sagrados, que no debemos someternos a nada, que debemos cuidar nuestro cuerpo, optando siempre por lo natural. Y, por supuesto, que puede parir. Tal vez ella cumpla mi sueño de parir, porque gran parte de mí estará en ella, siempre.
GRACIAS, HIJA. GRACIAS, MUJERES. GRACIAS, NICO, LUCA.

La historia de Roma

 

Este emprendimiento no solo se trata de muebles, ya lo saben, sino también de crianza respetuosa. Y toda crianza nace, muchas veces, desde el deseo de una mujer de ser madre; por eso este post.
La historia de Roma es lejana, es triste pero tiene un final inesperado. El subtítulo de su historia tiene la palabra INFERTILIDAD, en su primera versión. Editado, tiene la palabra DESEO, pero ese de verdad, y SANACIÓN.
Todo empezó en 2008, cuando comenzamos a buscar un embarazo que llegó a alegrarnos los días en Buenos Aires pero nos dio una trompada tristísima en Montevideo, cuando lo perdimos a los dos meses, donde me hicieron el primer raspado, o legrado, porque se hacía por rutina y yo no tenía nada de información sobre fisiología. Al año siguiente logramos el embarazo que seguro iba a estar bien, porque todos decían eso, y cuando llegó la ecografía sin latidos todo se volvió peor, confuso y terrible. Nada podía tener sentido.
El obstetra de entonces, se jugó la llamada de la prepaga retándolo y me mandó a hacer los estudios pertinentes, además de prometerme que él, un día, me iba a ser un parto. Todos los estudios, pero todos, me salieron mal. A mí, a mi compañero no.
El peor de todos fue el genético, el cariotipo, que me entregó la genetista, a quien creo que no escuché más de tres palabras para oír en mi mente 1. “Me voy a morir”. 2. “No puedo ser madre”. Mis genes estaban mal, muy mal, como para lograr ser madre naturalmente, las chances de lograr un embarazo sin ayuda carísima de la ciencia eran mínimas y si lo lograba las chances de tener un bebé sano eran, también, bajísimas.
¿La trombofilia? Una papa, señoras, al lado de eso, para mi situación, sobre todo cuando descubrí que mi famosa doctora, que me lo diagnosticó solía mandar a todas al mismo laboratorio de estudios, solía dar el mismo diagnóstico, solía recetar la misma droga del mismo LABORATORIO…
El segundo héroe en ese lío fueron dos mujeres, que habiendo pasado por la experiencia de la infertilidad antes de lograr ser madrazas, fundaron Concebir, una ONG que ayuda a personas con este problema. Con sus grupos, puede entender que no era la única, que no estaba sola, que la lucha era dura pero que en muchos casos se podía. Íbamos con mi compañero y más de una vez la tristeza se transformaba en risas con personas como las que ahí conocimos.
Y un día, mi compañero, que estaba haciendo terapia individual, puso la comida en el microondas mientras me dijo “mi psicóloga me dijo por qué no probamos hacer OVODONACIÓN”… yo quise matarlo con los rayos de ese aparato mientras pensaba que me estaba diciendo que yo, como mujer, era una inútil.
Me llevó un año procesar eso. Aceptar que no se es madre por los genes, ni por la panza, ni por la sangre, ni porque sus hijos se te parezcan. Chau vanidad, hola humildad. Chau mandatos, hola realidad. Hola VERDADERO DESEO. ¿Vos qué querés, ser madre? Bueno, listo, parece que la manera es esta.
Fue ahí que empecé a escuchar sobre la OVODONACIÓN, cosa que les cuento ahora entre contracción y contracción, pero no estoy en trabajo de parto, o al menos eso creo. Al principio me parecía algo casi terrible, algo lejano y casi inaccesible económicamente hablando. Con el tiempo, no sé bien cómo pero seguro los grupos de Concebir tuvieron mucho que ver, me empezó a ser una buena opción. En medio de todo esto, fuimos a anotarnos para la lista de adopción, porque queríamos ser padres, no importaba cómo llegaríamos a serlo. Fue entonces que hice un “match”: entre mi deseo de maternidad que, repito, era verdadero, y la adopción, LA OVODONACIÓN ERA UNA BENDICIÓN.
A las pocas semanas estaba sentada en el consultorio de la doctora que la amiga de una amiga me recomendó. Una persona divina. Al mes y medio, estábamos esperando a Luca.
Así empezó este maravilloso camino de la maternidad. Maravilloso en todo sentido para mí -en serio, hasta ahora pero creo por una razón que muchas ya saben- pero la INFERTILIDAD SEGUÍA AHÍ, desafiándome. Fue por eso que formé una editorial con libros sobre la temática y escribí dos libros para explicarles a los niños y las niñas nacidas por técnicas de reproducción asistida cómo habían nacido, con la verdad. Y otra vez perdí un embarazo natural, otra vez la desilusión y la bronca. Por qué Dios o el Universo me manda eso, no le encontraba sentido.
No la quiero hacer más larga, pero fue el “destrato” obstétrico, o la ignorancia del personal médico de mi no-parto, o el sistema que rige, el que me despertó para “sanar”. El trabajo de parto fue un circo que me montaron y la cesárea a la que ellos mismos me llevaron “me mató”, me dejó sin fuerza para disfrutar de mi sueño más preciado las primeras horas, los primeros días. Y con el tiempo empecé a cuestionarme qué había pasado, por qué tenía que ser así.
Empecé a enfrentarme a mis miedos, mis obsesiones, que empecé a trabajar en sesiones de registros akáshicos. y empecé a soltar.
Pero también empecé a cuestionarme por qué comíamos todo lo que el supermercado nos invitaba a comer, por qué vivíamos donde el sistema nos decía que teníamos que vivir… Quise sanar mi cesárea, la herida primal de Luca y fue así que me pareció lo mejor, y también para acompañar con más conocimiento a este hermoso emprendimiento que es Lala, hice la formación de doula, al ver que en sus libros María Montessori también hablaba del parto y del mal trato que en las instituciones tenían con los recién nacido. Y entonces un nuevo mundo se abrió ante mí: enfrentar la “enfermedad” de mi madre de una vez por todas, de descubrir que como mujeres no podemos ser totalmente libres si no nos enfrentamos a los fantasmas de nuestros antepasados ni honramos la sabiduría de nuestro linaje. Eso fue clave, yo no podía generar vida en mi interior de manera natural si no aceptaba, sino perdonaba cosas que mi propia mamá no pudo perdonar a su madre.
Y algo también importante: supe que había tenido tres hijos, pero que nunca los había honrado ni había hecho el duelo por ellos ni le había explicado bien a mi hijo nacido qué había pasado con ellos, conmigo.
Y empecé a cuidar mi cuerpo de todas las porquerías que comemos o nos untamos en la piel o en el pelo (es un proceso, sigo en ello, no es fácil pero me siento muy desintoxicada) y que estoy segura de que también nos enferman. Todo eso que se vende en supermercado, básicamente. Todo esto, siempre apoyada y acompañara a su manera por el amor de mi vida antes y después de Luca, mi gran compañero.
Entonces, con todo eso, tomé sesiones de biocodificación, en las cuales la verdad no sentía nada demasiado raro, pero evidentemente fueron liberadoras. Hice el duelo por mis hijos no nacidos, hablé con mi hijo sobre eso, escribí el que espero pronto sea otro libro sanador, y también sobre su hora sagrada que lo separaron de mí sin razón alguna…

Y estaba lista para otro tratamiento de ovodonación, sobre todo porque Luca pedía un hermanito/a. Luché nuevamente con mi prepaga como lo hice con él, sabiendo que esta vez tenía la Ley de Reproducción Asistida a nivel nacional, pero enseguida tuve que contratar a un abogada (que sigue luchando, casi un año después, porque la cumplan). Y me fui de vacaciones, a celebrar el cumple número 5 de mi hijo.
Y fue el mismo día en el que “me lo hicieron” nacer, que se produjo “¿el milagro?”. Al regresar, un día no pude desayunar mi religioso café y sospeché de algo, que confirmé con una beta en la guardia más cercana. Sabía que esta vez nada podía salir mal. Fue demasiada emoción junta.
Pero a las semanas el miedo empezó a aparecer, no tenía miedo de lo que tuvieras vos, hija, sino de cómo manejar lo que tal vez tuvieras, como siempre me habían advertido los genetistas. Si no estabas sana quería saber qué posibilidades de curarte teníamos, o cómo cuidarte de la mejor manera posible. Pero un inolvidable día, entramos al consultorio de la genetista que hace 10 años me había dado la peor de las noticias para darme una revancha de novela al decirme a mí y a tu papá que ESTABA TODO BIEN. Y esta foto es de tus genes iguales y perfectamente anormales que los míos conocidos con ese diagnóstico hace 10 años. Se puede decir que somos “iguales” en algo… pero creo que vos ya estás sanando y tu historia no va a ser la mía.
Entonces, Roma, pude disfrutar y empezar a pensar en evitar a toda costa de que nos robasen, sobre todo a vos, tu momento sagrado, tu nacimiento. Dimos un par de vueltas, no era una decisión fácil en ningún sentido, y en gran parte pudimos planificar tu nacimiento en casa gracias a personas que siguen esta cuenta.
Y ahora acá estamos, vos queriendo bajar al canal de parto, yo doblándome un poco por unos segundos, unos hermosos segundo. Nos estamos abrazando, pero esto recién empieza y no sé cuándo termina. Pero ya es tarde y tu papá me dice que vayamos a descansar… Ojalá soñemos con lo que sueño para vos, aceptando lo que nuevamente la vida tenga reservado para nosotras. Sos AMOR, ROMA, puro AMOR, y así empieza tu historia.

Mi mensaje para ustedes es que esta es nuestra experiencia, que es única, pero creo que volver a las raíces, conocer y valorar nuestros cuerpos de mujeres con todo un linaje detrás, al cual seguramente debamos en parte perdonar como nuestras hijas deberán perdonar lo que no podremos darle, cuidarnos de lo que parece “normal” pero nos hace mal, como toallas femeninas, tampones, protectores diarios, cosméticos, alimentos ultraprocesados, hacer los duelos luego de perder embarazos, tratar de optar por lo natural y no aceptar la primera cirugía o medicación que nos ofrezcan es un gran aliado, más cuando podemos hacer buen uso de la ciencia con los tratamientos de fertilidad que hay y que hoy por hoy todas  las prepagas y obra sociales deberían cubrir al 100%. Si necesitan ayuda no duden en acercarse a los grupos como el que mencioné.

Gracias por leerme, ahora me resta leérselo a Roma.

Una Navidad minimalista

¡Hola! Me pareció una buena idea invitar a madres emprendedoras alineadas con Montessori para escribir en este blog. Y acá está nuestra primera invitada: Vanessa Alanis, licenciada en Historia y educadora en Kindermusik.

¡Las dejo con ella!

Throwback a un texto que escribí para el La Nación hace un par de años sobre cómo generar nuevas tradiciones a partir de un consumo responsable en las fiestas de fin de año.

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Al acercarse las Fiestas, desde mi taller de música, pongo énfasis en recordarle a la gente que los chicos prefieren jugar con sus padres antes que con juguetes caros. El hecho de ser mexicana y no tener a toda la familia cerca me permite reflexionar mucho en cuanto a consumo, compras y otros aspectos que juzgo “negativos” de la Navidad. El tiempo que perdería eligiendo regalos (y sufriendo las tiendas), por ejemplo, lo dedico a fomentar una visión diferente de la Navidad, con mis hijas y mi pareja, con mis alumnos y con cualquiera que desee escucharme.

Soy parte de una generación educada en el hiperconsumismo de los 90, así fui educada y hoy reacciono contra eso. Fuimos chicos bombardeados de regalos que no necesitábamos y no usábamos. No sé cuándo recibí la bici Aurorita o la Barbie Malibú, pero sí recuerdo la expectativa por sacar la caja de luces y pasar horas desenmarañándolas con mi mamá.

Muchos años después, me encuentro dirigiendo un taller de música para chicos. Doy gracias por tener un instrumento de trabajo que no se compra, que no se envuelve, pero sí se regala. Y si vos no sabés cantar, ¿qué podrías hacer para darle la vuelta al consumismo excesivo que invade diciembre?

Hoy en día hay una creciente tendencia al consumo responsable. El fenómeno conocido en el extranjero como #ShopLocal apoya a los comercios y emprendimientos locales. Comprar en tu barrio lo hace crecer: apoyás artesanos y diseñadores, fomentás empleos y ayudás a consolidar un sentimiento sano de comunidad.

¿Cómo generar nuevas tradiciones a partir de la conciencia del consumo responsable? ¿Cómo enseñar a los hijos que las fiestas de fin de año no son sinónimo de comprar desenfrenadamente? Acá, algunas sugerencias:

Involucrar a los chicos en la decoración de los espacios, utilizando elementos recuperados: ese Telgopor que hace meses ronda por la casa puede convertirse en la estrella para el árbol.

Donar un juguete, y que los chicos lo escojan.

Que cada uno de los miembros de la familia reciba un solo regalo. Esto será más valorado que 15 regalos, todos superpuestos (al final los chicos dejan todo tirado y vuelven a la iPad).

No tirar los envoltorios automáticamente. Utilizarlos una segunda vez: construir casitas o trenes con las cajas, jugar una carrera de autitos, empapelar una pared, llevar las bolsas al súper, conservar los moñitos para los cumpleaños.

Cantar, bailar y reír mucho, apagar el celular y guardarlo por lo menos mientras comemos.

Regalar menos es regalar más. Menos empaques, menos plástico al planeta, menos consumo y más amor, más tiempo juntos, ¡mucha música! Eso es lo que, para mí, le da el verdadero sentido a festejar.

Nota original: http://www.lanacion.com.ar/1754008-generar-nuevas-tradiciones-a-partir-del-consumo-responsable

María Montessori para niñas rebeldes

En nuestro último viaje estuvimos, entre otros lugares divinos, en Valencia. Allí pudimos conocer y capacitarnos el colegio Montessori más importante de la ciudad (más adelante haré el post sobre lo que estoy investigando, les juro que no me alcanza el tiempo, sabrán de lo que les hablo) y encontramos el ansiado libro Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo, con ilustraciones fantásticas de muchas mujeres talentosas.

¿Y adivinen quién está entre sus páginas? Sí, nuestra inspiradora María Montessori. Como les prometí en Instagram, va su página (Elena y Francesca seguro nos lo dejan compartir, porque es solo una de sus 212 páginas y seguro las alienta a comprar el libro, que está llegando al país).  En la edición final quedó “Maria” sin tilde y podríamos corregir pequeños detalles, tal vez por la traducción… pero la esencia de su vida está.

MARÍA MONTESSORI

MÉDICA Y EDUCADORA

Habría una vez una profesora que trabajaba con niños discapacitados. Se llamaba María y también era doctora. 

El lugar de poner en práctica los viejos métodos de enseñanza, María se puso a observar a los niños para entender cómo aprendían. En su escuela, a los niños no se les obligaba a hacer lo que dijera el maestro, sino que podían andar con libertad y elegir la actividad que más les gustara.

Las técnicas innovadoras de María resultaron ser muy efectivas con niños discapacitados, así que decidió abrir una escuela para educar a toda clase de niños y niñas con los mismos métodos de enseñanza. Esa escuela de llamó “Casa de Niños”.

Para la Casa de Niños, María inventó muebles de tamaño infantil: pequeñas sillas ligeras que los niños podían mover con facilidad y estantes bajos para que pudieran tomar las cosas sin pedirle ayuda a un adulto.

Maria también creó juguetes que alentaran a los pequeños a descubrir el mundo de forma práctica e independiente. En sus clases, los niños descubrían cómo abotonarse y desabotonarse la camisa, cómo llevar un vaso de agua sin derramarlo y cómo poner la mesa por sí solos.

-Los niños deben aprender a ser autosuficientes -decía-. Si saben atarse los zapatos y vestirse por sí solos, sentirán la felicidad que trae consigo la independencia.

El método de María Montessori se sigue usando en miles de escuelas y ayuda a niños y niñas de todo el mundo a crecer fuertes y libres

Fuente: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo.

Disciplina positiva

Tengo la suerte de tener una Escuela de Familias en el jardín de mi hijo. Cada dos meses nos juntamos para reflexionar juntos, y esta vez hablamos de disciplina positiva.

¿Y qué es? Consiste en educar a nuestros hijos con respeto y asertividad, haciendo foco en:

  • Demostrar afecto, pedir las cosas con gentileza, amor, ternura
  • Brindarles apoyo
  • Mostrarles aprobación, pero sin adularlos todo el tiempo sino también indagar con ellos en qué dibujaron, por qué dibujaron tal cosa (en vez de decirle “qué lindo” las 15 veces que nos muestra un dibujo, porque en la número 16 capaz ya no le decimos nada o le mostramos poco interés y puede sentirse dolido)
  • Tener una actitud POSITIVA
  • Escuchar
  • Actuar con el ejemplo (¡fundamental!)
  • Invertir tiempo en enseñar (mejor, dicho, en preparar un ambiente del cual puedan aprender por sí mismos)
  • Planificar las actividades, para evitar algunas frustraciones
  • Hacer partícipes en nuestras actividades a los niños, para que vean que importan, que “pertenecen”
  • Darle posibilidad de elegir entre dos opciones
  • Sacarlo de un estado de enojo constructivamente: Ponerse a su altura, mirarlo a los ojos, validar sus sentimientos (“sé que te duele”, “sé que estás enojado”, “yo te entiendo”) y proponerle alguna actividad que lo motive
  • Actuar con proactividad
  • Brindar tiempo de calidad
  • Poner límites, tener autoridad, con firmeza y claridad (si le decimos que solo verá en la TV un capítulo que ve pero luego lo dejamos ver dos más, saber que no estamos siendo claros para ellos y mañana seguramente pensará que “uno” son “más”).

Nosotros lo aplicamos en casa y funciona. No es fácil, pero aprendemos cada día más, nos “corregimos” entre nosotros sin que él lo note y nos sorprendemos con los resultados. Es importante observar cómo actuamos nosotros mismos para luego ver cómo ellos nos ven. ¿Somos su mejor ejemplo en todo? Seguramente, no, y eso nos obliga a ser, incluso, mejores personas para nosotros mismos.

 

 

Cosas que hay que ver

Obviamente no vas a poder todo junto, por el tiempo y por el impacto… Te prometo, valen la pena!

1. La educación prohibida 

2. Educación a la carta:

3. El comienzo de la vida

(pongo el trailer en YouTube pero pueden ver la película completa o la serie en Netflix)

4. Imagineelephants

http://imaginelephants.com/es/

 

5. La película sobre la vida de María Montessori: Una vida dedicada a los niños

6. El maestro es el niño

(hay un trailer, se estrenará cuando nosotros estemos en Europa =)

 

7. El fenómeno de Finlandia

8. Entre maestros

9. Japón: Prohibido fracasar

Gracias a Pedagogía Montessori en Bahía Blanca!

Más:

-Coría y el mar
-La buena mentira
-Camino a la escuela
-La tierra de Óscar

Aprendamos juntos

Este blog tiene un doble propósito, en su inicio, junio de 2017:

1. Investigar en profundidad sobre Montessori con fuentes serias y confiables tanto del exterior como de Argentina. ¿Por qué? Porque me interesa como madre de un niño que es y será educado en un establecimiento educativo Montessori; como docente (nunca hice más que una suplencia en el sistema tradicional porque nunca me “cerró del todo”) y como editora de contenidos (libros y revistas).

2. Difundir la filosofía en mi país para brindarles información a aquellas personas que quieran educar a sus hijos con los principios de Montessori en casa. ¿Por qué? Porque estoy convencida de que esta filosofía nos ayuda a construir un mundo mejor. No solo en casa sino en la gran casa: nuestro universo, que tanto nos necesita.

¿Cómo lo haré?

  • Contándoles lo que observo en mi hijo, “un niño montessoriano”, tal como lo describió el director del jardín donde asiste, y cómo implementamos los principios en casa.
  • Asistiendo a los cursos donde me inviten para compartir con ustedes lo aprendido.
  • Entrevistando a referentes del país y del exterior (ya tenemos varios confirmados, ¡quisiera que el día tuviera 48 horas para poder hacer todo lo que quiero hacer!)
  • Invitándolos a asistir a los (cada vez más) cursos y talleres que se dictan en Argentina, porque es mucho mejor aprender de manera presencial el método que de manera on-line (que seguro sirve para conocerlo, y de hecho así comencé yo también).
  • A mediano plazo, ¡organizaré nuestros propios cursos!

Listo, marido ya está por servir la cena (sí, él cocina; yo cambio los cueritos) y L. ya vio suficiente TV acá al lado mío (sí, los niños montessori ven TV, en su justa medida, que no siempre es fácil de controlar, claro. Pero por nosotros, no por ellos, ya “hablaremos” de esto!). ¡Ciao!