Disciplina positiva

Tengo la suerte de tener una Escuela de Familias en el jardín de mi hijo. Cada dos meses nos juntamos para reflexionar juntos, y esta vez hablamos de disciplina positiva.

¿Y qué es? Consiste en educar a nuestros hijos con respeto y asertividad, haciendo foco en:

  • Demostrar afecto, pedir las cosas con gentileza, amor, ternura
  • Brindarles apoyo
  • Mostrarles aprobación, pero sin adularlos todo el tiempo sino también indagar con ellos en qué dibujaron, por qué dibujaron tal cosa (en vez de decirle “qué lindo” las 15 veces que nos muestra un dibujo, porque en la número 16 capaz ya no le decimos nada o le mostramos poco interés y puede sentirse dolido)
  • Tener una actitud POSITIVA
  • Escuchar
  • Actuar con el ejemplo (¡fundamental!)
  • Invertir tiempo en enseñar (mejor, dicho, en preparar un ambiente del cual puedan aprender por sí mismos)
  • Planificar las actividades, para evitar algunas frustraciones
  • Hacer partícipes en nuestras actividades a los niños, para que vean que importan, que “pertenecen”
  • Darle posibilidad de elegir entre dos opciones
  • Sacarlo de un estado de enojo constructivamente: Ponerse a su altura, mirarlo a los ojos, validar sus sentimientos (“sé que te duele”, “sé que estás enojado”, “yo te entiendo”) y proponerle alguna actividad que lo motive
  • Actuar con proactividad
  • Brindar tiempo de calidad
  • Poner límites, tener autoridad, con firmeza y claridad (si le decimos que solo verá en la TV un capítulo que ve pero luego lo dejamos ver dos más, saber que no estamos siendo claros para ellos y mañana seguramente pensará que “uno” son “más”).

Nosotros lo aplicamos en casa y funciona. No es fácil, pero aprendemos cada día más, nos “corregimos” entre nosotros sin que él lo note y nos sorprendemos con los resultados. Es importante observar cómo actuamos nosotros mismos para luego ver cómo ellos nos ven. ¿Somos su mejor ejemplo en todo? Seguramente, no, y eso nos obliga a ser, incluso, mejores personas para nosotros mismos.